Dra. Diana Carballo, Dra. Lorna Sosa, Dra. Julia Forestiero
 
   
  Si rompemos una película holográfica en pequeños trozos, podremos ver la imagen completa en cada uno de ellos.
Fue Denis Gabor quien en 1947, empleando el cálculo diferencial e integral que von Leibnitz había descubierto en 1714, describió la posible fotografía tridimensional, la holografía. El desarrollo de la técnica de ese momento no permitió la construcción del holograma, así que años más tarde, en 1965, Emmett Leith y Juris Upatniks, construyeron hologramas con el rayo láser recientemente inventado.
En 1969 el neurofisiólogo Karl Pribram, profesor de neurociencias de la Universidad de Stanford, propuso un modelo holográfico para los procesos cerebrales y para la estructura profunda del cerebro. A partir de ese momento, ha demostrado que las estructuras del cerebro perciben mediante un sofisticado análisis matemático de frecuencias temporales y espaciales. Esa información codificada se distribuye, igual que en el holograma, a través de todo el sistema de manera que cada fragmento contiene la información del todo.
En 1971 el físico David Bohm, propuso la organización holográfica del universo, en donde la realidad habitual sería una manifestación secundaria, ilusoria, creada por nuestros sentidos, de una matriz subyacente, verdadera.
Llamó a aquella el aspecto desplegado, y a ésta el aspecto plegado de la realidad.
Karl Pribram y David Bohm son los padres de un nuevo paradigma, que abarca amplias áreas del conocimiento.
Veamos con mayor detenimiento las posturas de cada uno de ellos.
Pribram describe los procesos cerebrales de construcción de la realidad, implicados hasta cuando las percepciones parecen inmediatas. Un ejemplo de la vida cotidiana lo constituye la percepción acústica tridimensional de música estereofónica de alta fidelidad. Sabemos que las fuentes del sonido son los parlantes pero si ajustamos las relaciones fásicas entre las ondas acústicas generadas por cada uno de ellos, podemos retirar el sonido de las dos fuentes y llevarlo entre los parlantes o enfrente de ellos.
Nuestros oídos y vía acústica, reconstruyen el sonido en un lugar en el que sabemos es incapaz de producirlo. En este caso podríamos preguntarnos: ¿Cuál es la realidad? ¿La apariencia percibida o lo que la produce? La mayoría de los físicos, dirían que la realidad es el sonido que reproduce el aparato y no la percepción que de él tenemos.
A primera vista, podríamos pensar que las percepciones son propiedades que surgen de la interacción del cerebro con el universo físico, así como gran parte de las fuerzas de gravedad y electromagnéticas son interacciones entre objetos materiales y partículas, sin embargo, una mirada más profunda a estas ideas nos permite dar otra explicación: las observaciones y percepciones son fenómenos mentales. De ahí que las propiedades fundamentales del universo sean tal vez mentales y no materiales.

Tenemos entonces dos enfoques básicos opuestos:

1) El cerebro construye propiedades mentales al organizar el input procedente del mundo físico tal como se obtiene a través de los sentidos.

2) Las propiedades mentales son los principios organizadores omnipresentes del universo, que incluye al cerebro.

Esta segunda afirmación es la que sostiene el nuevo paradigma.
Hasta hace poco los científicos del cerebro no podían concebir ningún mecanismo que, teniendo en cuenta su anatomía y fisiología, pudiera explicar porqué, el lesionar o seccionar un trozo de tejido cerebral no elimina ningún recuerdo especial ni conjunto de recuerdos.
En efecto, el proceso de recordar puede perturbarse en forma global, pero nunca se pierde una sola huella de memoria de alguna experiencia particular mientras se retiene todo lo recordable.
Estos fenómenos, hicieron pensar en que el input sensorial se disemina y produce una memoria distribuida.
Ahora hay un modelo que explica este mecanismo, que se basa en que la noción con que trabaja la conciencia no se almacena en ningún lugar especial sino más bien por todo el cerebro o por extensas áreas del mismo, y cada vez que la información se utiliza, se hace una selección recogiéndola de todas partes.
La memoria podría estar almacenada en anillos de circuitos que giran entre ciertas células, y dejan una especie de deformación plástica del cerebro, así que cuando se les vuelve a proporcionar energía a estos anillos se evoca un patrón semejante al que los produjo.
Si nuestro cerebro se asemejara a una cámara fotográfica, el registro de un objeto, estaría focalizado en una sola célula. Sin embargo, el objeto es analizado en muchos aspectos diferentes, y cada uno de ellos produce una deformación plástica en todo el cerebro. Para recobrarla, esta información debe recogerse también de todo el cerebro.
En este sentido el cerebro se comporta como un holograma, en donde cada una de sus partes contiene información sobre la imagen completa. Lo característico del holograma es que si se ilumina una parte de él se obtiene información de la imagen completa, pero menos detallada y desde menos ángulos. Así sucede también con el cerebro.
Para David Bohm, el mundo también estaría estructurado sobre los mismos principios del holograma.

   
 
   
 
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